domingo, 24 de septiembre de 2017

Dudas razonables y certezas irrebatibles sobre el campo de golf en Algete

El Ayuntamiento de Algete cede sus fincas naturales a la Federación de Golf. Estas fincas de alto valor ecológico son desconocidas por gran parte de los vecinos de Algete, por ello los vecinos se pueden preguntar:


¿Y por qué no se protege y se promueve la conservación y el disfrute de ese parque natural sin necesidad de construir un campo de golf? ¿No hay ya suficientes en la zona?
¿Por qué no hay un céntimo de los presupuestos municipales para esas fincas?
¿Hasta cuándo el medioambiente va a ser el último de la cola? 
¿Qué gana el municipio de Algete al perder por 75 años sus únicos terrenos naturales? ¿Trabajo para sus vecinos? ¿Cuántos puestos de trabajo, garantizados, estables? ¿Traerán acaso dinero a las arcas públicas? ¿Cuánto?

¿De donde sacarán el agua de regar el campo de golf? ¿Cuánta agua quedará entonces para el riego de parques y jardines en el resto de Algete?
Los campos de golf, en España, son un instrumento de modificación y/o destrucción de la naturaleza y un abuso de recursos naturales escasos como el agua. Por más que los defensores de esta práctica adornen su actividad, y aleguen dudosos beneficios como la notoriedad que consigue el municipio por tener campo de golf, la realidad es que las alteraciones provocadas por la construcción y puesta en funcionamiento de este tipo de instalaciones son de envergadura. 
Se calcula que por cada hectárea y año, el agua necesaria para mantener en óptimas condiciones un campo de golf es de 15.000 m3. Esto es, sobre todo en España, un despilfarro intolerable. 
Si tenemos en cuenta que 2/3 de la extensión del Estado español se corresponden con el dominio de un clima Mediterráneo seco, el dispendio de agua que se efectúa en los campos de golf es irresponsable, -por no decir inmoral- ya sea agua potable o agua depurada, ya que ésta última se puede aprovechar para el riego de jardines urbanos, para el mantenimiento del caudal ecológico de los ríos e incluso, para la agricultura. 


Otro problema importante de los campos de golf es el empleo masivo de la “guerra química” contra todas aquellas hierbas que crecen de forma natural y contra todo tipo de pequeña fauna subterránea o superficial como topos, lombrices, arañas, escarabajos, hormigas, caracoles, etc. El uso de biocidas (fungicidas, insecticidas y herbicidas), habitual en el mantenimiento de los campos de golf, presenta un alto grado de persistencia y movilidad a través del agua, el suelo, y la atmósfera, así como una notable capacidad de propagación a través de las cadenas tróficas de los seres vivos.

A esta contaminación por biocidas hay que unir la que se deriva de los abonos usados en el campo de golf, abonos sintéticos que también acaban por contaminar las aguas subterráneas. 

Las fincas, situadas en la Cuenca del Jarama, forma parte de la Red Natura 2.000 y está, por tanto, protegida por las directivas comunitarias de conservación de hábitat y aves. Es Zona de Especial Protección para las Aves, en la que se pueden encontrar ejemplares garzas reales y otras aves endémicas y de alto valor biológico. 
El convenio firmado entre el Ayuntamiento y la Federación cuenta con informe negativo del interventor municipal y con alegaciones en contra de asociaciones vecinales, organizaciones ecologistas y grupos políticos de la oposición. ¿No se van a replantear este polémico acuerdo? ¿No deberían someterlo a consulta popular tras una correcta campaña de información?

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